A los 4 años, en vez de juguetes prefería sacarle sonidos al corno a escondidas de su abuelo; a los 8 tocaba en el Orfeón Nacional de Bomberos, a los 11 comenzó sus estudios formales con Edward Brown: a los 14 ganó el concurso “Niños Solistas de Chile”; a los 17 ingresó como primer corno a la Orquesta Sinfónica Juvenil y a los 19 ganó el concurso de Corno Solista de la Sinfónica. Matias Piñeira joven solista en corno de la Orquesta Sinfónico de Chile se presentará en el Concierto 19

Hace dos años, Matías Piñeira ganó el concurso de Corno Solista de la Orquesta Sinfónica de Chile, convirtiéndose en el músico más joven de la agrupación. Tenía sólo 19 años de edad y muchos sueños por cumplir. Con talento, madurez y prestancia se impuso a postulantes chilenos y extranjeros, asombrando al jurado. “Este periodo ha sido tremendamente enriquecedor porque aparte de tener que abordar un repertorio variado y exigente, sentarse todos los viernes y sábado frente al público ha sido una gran experiencia”, afirma haciendo una evaluación de su trabajo profesional con la orquesta de mayor trayectoria del país.

Pero su primer encuentro con la Sinfónica de Chile fue mucho antes. A los 14 años, ganó el Concurso “Niños Solistas de Chile”, organizado por el CEAC, Centro de Extensión de la Universidad de Chile y la Sinfónica, una experiencia que recuerda como una de las más hermosas y significativas de su carrera. “Interpreté el Concierto Nº 3 de Mozart para corno y orquesta y fue algo muy especial porque nunca se había presentado un cornista al concurso”, afirma. Su premio fue nada menos que actuar como solista en un Concierto de la Temporada de la Sinfónica.

Hoy, a los 22 años, con muchos más conocimientos técnicos y práctica musical prepara su debut oficial como solista del Concierto nº 1 para corno y orquesta de Richard Strauss que interpretará con la Sinfónica bajo la dirección de su titular Michal Nesterowicz el 9 y 10 de septiembre. “Pese a que es un concierto muy tocado por los cornistas, en Chile se ha hecho poco. Siento que me queda cómodo en el sentido musical y aunque no tiene cadenza, impone muchos desafíos técnicos e interpretativos”, argumenta.

EL NIÑO Y EL CORNO

La historia musical de Matías Piñeira comienza desde muy niño junto a su madre y su abuelo, Antenor Piñeira, experimentado cornista que tocaba en la Marina, el Orfeón de Carabineros, el Orfeón Municipal y era profesor del Orfeón de Bomberos. Atraído por el brillante instrumento de viento-metal, le sacaba sonidos siguiendo los pasos de su abuelo, quien al ver su entusiasmo le empezó a enseñar. Fue tan rápido su aprendizaje que a los ocho años ya integraba el Orfeón Nacional de Bomberos.

Matías fue alumno de Antenor Piñeira hasta 2004, año en que su abuelo falleció. Siguió entonces sus estudios con el Profesor Edward Brown, ex corno solista de la Orquesta Filarmónica, entre los años 2000 a 2008, primero como alumno particular y luego en la Universidad Católica. Su vida se dividía entre sus estudios formales de Enseñanza Media y su pasión por el corno. “Mi abuelo me formó una disciplina de estudio musical que debía compartir con las obligaciones del colegio y los juegos infantiles. Tocaba una hora de lunes a sábado”.

DESPEGUE
En el año 2002 fue invitado a participar en los Conciertos de Verano en Viña del Mar con la Orquesta Nacional Juvenil. En 2003 ingresó a la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana. Luego ganó el Concurso “Niños Solistas” de la Sinfónica lo que le permitió seguir avanzando a pasos agigantados. A los 16 integró ocasionalmente a la Orquesta de Cámara de la Universidad Católica y a los 17 ingresó como primer corno a la Orquesta Sinfónica Juvenil (FOJI) donde estuvo durante poco más de dos años. En 2006 fue becado por el Festival Internacional de Invierno de Campos do Jordao-Brasil, donde asistió a clases con los solistas Fergus Macwilliam, Wolfgang Gaag, Jean Pierre Berry, músicos con una destacada trayectoria en Europa.
Después de ingresar como solista de la Orquesta Sinfónica de Chile, en 2009 hizo una pasantía de tres meses en Alemania respondiendo a la invitación del destacado músico nacional Ignacio García, Corno Solista de la Ópera Estatal de Berlín. A finales de ese año fue invitado a participar en la Orquesta Juvenil Iberoamericana junto a los más destacados jóvenes de Latinoamérica, España y Portugal, para actuar bajo la dirección del Maestro Gustavo Dudamel.

¿Cómo ha sido ser jefe de la fila de cornos de la Sinfónica, compuesta por músicos mayores que tú?

– Mi labor es ordenar la fila y tocar los solos. Ellos saben lo que tienen que hacer musicalmente y responden bien.

¿Ser solista en una orquesta sinfónica significa mucho tiempo de estudio?

– Me levanto todos los días a las 07:00 horas de la mañana para estudiar y precalentar por lo menos una hora y media antes de tocar; sólo los miércoles en la tarde descanso.

¿Hay que tener algunas condiciones especiales para tocar el corno?

– No, hay que tener ganas, perseverancia y concentración porque se mezclan elementos técnicos y sicológicos; el corno tiene la dificultad y la facultad de tener muchos armónicos en una misma posición, de una nota se pueden sacar muchas, están muy juntas, hay que ser muy meticuloso y exacto.

¿Qué te ha brindado en lo humano trabajar en la Sinfónica de Chile?

-He conocido personas importantes y buenas que al verme menor se preocupan de guiarme. Músicos como el percusionista Juan Coderch, con quien he compartido más porque hemos tocado música popular en un conjunto; mi fila completa que me apoyó el primer año, además de los violinistas Jorge Marambio y Héctor Viveros.

Cuando ingresaste a la Orquesta Sinfónica expresaste que tu meta era estudiar en el extranjero ¿Sigues con esa misma idea ahora?

– Si, mantengo ese deseo porque siento la necesidad y responsabilidad de estudiar más, mientras más técnica e información tenga para hacer música, más fácil y entretenido se pone el trabajo.

¿Cómo fue la experiencia con el reconocido director venezolano Gustavo Dudamel?

– Fue maravilloso y me demostró que aunque se tenga una corta edad, teniendo las ganas y la capacidad, uno puede llegar lejos. Pero eso no significa ponerse un techo, su ejemplo nos señala que se puede llegar a ser una eminencia muy joven como Dudamel si uno se lo propone. El 99, 9 por ciento de los músicos venezolanos son muy talentosos; compartí con 50 intérpretes del sistema de orquestas de Venezuela y me gustó ver lo intensamente que ensayan y trabajan; fue motivador interactuar con ellos y con los músicos de las delegaciones de españoles y portugueses.

¿Y la pasantía con Ignacio García en Berlín?

– Llevaba un mes en la Sinfónica cuando viajé a Alemania. Fue duro, hubo varios cambios técnicos. Escuchar grandes músicos me sirvió mucho.

¿Hay posibilidades de volver a Alemania?

– Espero que sí, pero aún no se ha concretado. Mi idea es postular a la Academia de la Opera de Berlín, pero todavía no se han abierto las postulaciones. Quiero estudiar un par de años allá y volver a Chile.

¿Cómo ha resultado tu experiencia en la música popular?

– Me gusta mucho porque aparte de tocar el corno, canto en el grupo de jazz fusión “Colective Souer”. Mi pasatiempo es hacer canciones, tengo ganas de introducir el corno en la música popular.

¿Planes?

-Nada más que estudiar y superarme. Desde niño, cuando veía a mi abuelo estudiar y tocar en la casa, sentí que no podía hacer otra cosa más que música.

¿Te sientes un joven diferente a la mayoría?

– No, pero tengo el plus de la sensibilidad que me da la música.

¿Qué significó tu abuelo en tu vida?

– Todo, fue mi papá y mi Maestro, una persona muy importante en mi vida.