“Hay conciertos que se convierten en vivencia inolvidable. Así ocurre con todos los del pianista Javier Perianes, cuyo arte directo y sin fisuras cala siempre hondo en la memoria.”
Así definió el Diario El Mundo el trabajo artístico de este destacado músico que este fin de semana debuta como solista con la Orquesta Sinfónica de Chile.

Javier Perianes pianista invitado al Cuarto Concierto de la Orquesta Sinfónica de Chile

Tenemos cita con Perianes en el Teatro Universidad de Chile. Llegamos y él está, ¿cómo no? ensayando. Desde el escenario sembrado de pupitres y sillas vacías de la orquesta se distingue la melodía única de Ravel. El gran pianista español interpretará este fin de semana el Concierto para Piano En Sol mayor de Ravel, junto a la Orquesta Sinfónica de Chile y el director polaco Michal Nesterowicz.

Javier, es tu primera vez en Chile, ¿verdad? ¿Qué ideas tenías a nivel del país y a nivel musical de Chile antes de llegar? 

-Sí, estuve en Hong Kong la semana pasada y llegué recién – esta mañana – de Madrid y sigo bien despierto a pesar del cambio de horario, es que estoy muy entusiasmado de estar aquí. En cuanto a ideas, no, no tenía ideas preconcebidas de Chile, bueno los chilenos son primos en realidad, hermanos, tanto por el idioma que por la cultura. Me gustaría poder tener más tiempo para ver cosas, ir a Los Andes… Pero me parece que entre hoy y el domingo desgraciadamente voy a viajar más entre el hotel y el teatro que a otros sitios. Musicalmente, todavía no he ensayado con la orquesta, pero por lo que me ha dicho Michal Nesterowicz (director) la Orquesta Sinfónica de Chile es un grupo muy entusiasta y unos músicos siempre con ganas de mejorar… Conozco a uno de los músicos de la orquesta, un percusionista con el que coincidí por casualidad en un concierto, y con quien me agrada volver a encontrarme.

¿La obra de Ravel que interpretarás es una que ya conoces bien? ¿Cómo la definirías?

-Si la conozco bien, la he tocado ya como unas quince veces y la primera fue con la London Symphony Orchestra, ¡fue una experiencia única tocar esa obra por primera vez con ese orquestón! Siempre me hace ilusión interpretarla. Ravel es uno de esos músicos que aspira varias influencias, como el jazz, del pasado y del presente, las integra y las transpone en un lenguaje único, una música con sello propio, un sonido inconfundible: el sonido Ravel. Crea una obra como un condensado perfecto de influencias, llena de colores y muy personal a partir de obras y temas que no son suyos. Es fascinante.

Tú que viajas por todo el mundo, ¿has notado alguna diferencia entre los públicos de cada país?

-Bueno sí, hay diferencias, el público japonés por ejemplo es muy educado, muy respetuoso, eso me sorprendió mucho la primera vez que toqué allí. Me acuerdo de haber pensado “¡qué silencio!” y al final del concierto le dije a un amigo que estaba conmigo allí: “No se oía ningún ruido, lo único que sí oía era una persona respirar muy alto.” Y él me dijo: “¡Ese eras tú!” Así es el público japonés, tan callado que hasta tu propia respiración parece ruidosa.

El público sudamericano también es excelente, muy caluroso y entusiasta, pero lo que yo siempre digo es que si el concierto es bueno el público siempre responde con afecto.

Nos hablaste del director de estos conciertos, ¿ya habías trabajado con el director Michal Nesterowicz en el pasado?

-Sí, hemos trabajado juntos ya un par de veces, la primera con la Real Filharmonía de Galicia en España, presentamos un concierto de Chopin y tenemos otro concierto previsto juntos con la Sinfónica de Sevilla. Es verdaderamente un director con un talento descomunal. Acompaña de maravilla, para los directores es como una disciplina aparte acompañar, y él lo hace muy bien. ¡Es extraordinario!

¿Cómo te llegó la pasión por la música?

-Pues en realidad fue un proceso muy espontáneo. Yo era un niño muy travieso, y un día mis padres me llevaron a un concierto de música clásica, para probar, y mi madre cuenta que me quedé en silencio total, como si la música hubiera “domado a la fiera”. Y así empecé con la música, empecé tocando clarinete, por eso ahora siempre miro a los clarinetistas con más cariño, porque pienso que podía haber sido yo. El piano vino luego, de manera muy natural otra vez, me acuerdo haber pensado: “¡Qué maravilla!” la primera vez que vi a mi tía tocando el piano, cuando tienes 6 o 7 años un piano impresiona más que un clarinete. Y a los que me preguntan: “¿En qué momento decidiste dedicarte al piano profesionalmente?” Yo contesto que todavía no lo he decidido.

Sarah Derouet Martínez