La trágica historia de amor de los amantes de Verona será llevada a escena a través de la música creada por el compositor francés interpretada por la Orquesta Sinfónica,  Camerata Vocal y Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, además de la contralto Evelyn Ramírez, el tenor Leonardo Pohl y el barítono Patricio Sabaté.

Romeo y Julieta de Berlioz con la Orquesta Sinfónica de Chile y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile

El público nacional tendrá la oportunidad de escuchar por primera vez en vivo la versión musical de “Romeo y Julieta” que el compositor francés Héctor Berlioz escribió basándose en la obra homónima de William Shakespeare. Se trata de una sinfonía dramática a gran escala para orquesta, coro y solistas. Su música se caracteriza por tener una estructura innovadora que demuestra la creatividad del compositor, quien no puso un rol solista para los amantes de Verona al considerar que sus sentimientos podían expresarse mejor con música que con palabras.  La obra será estrenada por la Orquesta Sinfónica de Chile, la Camerata Vocal y el Coro Sinfónico de la Universidad de Chile los días viernes 29 y sábado 30 de junio, a las 19:30 horas, en el Teatro Universidad de Chile. Participarán como solistas,  la contralto Evelyn Ramírez, el tenor Leonardo Pohl y el barítono  Patricio Sabaté. La dirección orquestal estará a cargo de Nicolás Rauss.

Director de orquesta suizo radicado en Argentina,  Nicolás Rauss es muy reconocido en nuestro país donde ha participado en varias Temporadas de la Orquesta Sinfónica de Chile con mucho éxito.

Rauss afirma que no es extraño que esta obra – estrenada en el conservatorio de Paris el 24 de noviembre de 1839 – no haya sido interpretada antes en Chile porque, en general, es una pieza que se programa poco en las temporadas de las orquestas. “Las razones, es una obra grande y hacerla constituye un gran desafío. Interesará especialmente al público que sigue la música fuera de serie”, afirma.

Agrega que “es una obra provocativa del romanticismo francés, que influenció a muchos compositores. Destaca por su creatividad. En ella todo es nuevo, imaginación pura, atrevimiento; parece no tener en cuenta la historia de la música anterior. En tales caminos, ciertamente, se avanza entre jardines encantados y hojarascas. Eso explica que tenga marcados contrastes, el adagio de la escena de amor tiene 18 minutos de alto nivel musical  sin que nunca decaiga el interés; en cambio hay otros como el movimiento de la fiesta que son mucho más ruidosos y menos acabados.

“Berlioz era un innovador total,  él no escribió ni una nota por tradición, fue un hombre inspirado, creativo, aunque no precisamente sabio como Mendelssohn. Cuando Romeo está en la tumba de los Capuletos y describe la angustia y los últimos sobresaltos de los amantes, la música se va descomponiendo. Se puede escuchar casi como música contemporánea”, manifiesta Nicolás Rauss.

El director de orquesta destaca la genialidad de Berlioz demostrada especialmente en el adagio, el scherzo y el último movimiento de esta obra, donde, dice, el compositor demuestra su imaginación, creatividad modernísima e innovadora: “El compositor no personificó en un rol solista a Romeo y Julieta porque prefirió que la música hablara por ellos como lo demuestra en El adagio de amor, una parte maravillosa, música apasionada, muy sentida y llena de colores orquestales”.  Agrega que  “el Scherzo de la reina Mab, también es una parte orquestal de gran virtuosismo, muy moderno para la época, con sonoridades sorprendentes. En estas partes se aprecian motivos melódicos, encadenamientos armónicos que fueron utilizados por Wagner en óperas como Tannhauser y Tristán e Isolde, muchísimos años después”.

UNA SINFONÍA DE AMOR

La sinfonía dramática Romeo y Julieta de Berlioz comienza con un pasaje que evoca las peleas entre Capuletos y Montescos en las calles de Verona. Luego viene un prólogo, en el que un pequeño coro (Camerata Vocal)  una contralto (Evelyn Ramírez) y un tenor, (Leonardo Pohl), en forma de recitativo relatan los acontecimientos que serán expresados en los siguientes movimientos: la historia de dos familias enemigas, el amor de Romeo por la hija de la familia contraria; una diminuta reina Mab, del tamaño de un pulgar, acostumbraba a pasearse en un carro del tamaño de una cáscara de nuez por la piel de los enamorados y por sus sueños y cómo el Padre Lorenzo finalmente, luego de la trágica muerte de los dos amantes, logra sellar la reconciliación entre  Capuletos y Montescos. En este gran final operístico, el Coro Sinfónico representa a las familias que el sacerdote hace responsables de  la muerte de ambos jóvenes y logra que superen su enemistad en un himno grandioso.

La idea de escribir una obra inspirada en el amor de Romeo y Julieta nació en Berlioz cuando asistió a una representación del drama de Shakespeare, en 1827, cuando tenía 24 años de edad. Se enamoró de la actriz principal, Harriet Smithson, para quien escribió poco después la Sinfonía Fantástica. Ella  llegó a ser su esposa aunque no por mucho tiempo, pero sin duda fue su musa inspiradora y su gran amor.

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