Carolina Bravo y Cristian Contreras son destacados bailarines del Ballet Nacional Chileno. Además son coreógrafos y por primera vez tendrán la oportunidad de trabajar una obra propia con sus compañeros. Un desafío que soñaban realizar y que hoy los mantiene motivados y ansiosos porque saben que darán un salto importante en sus carreras.

Entrevista a Carolina Bravo y Cristian Contreras los bailarines coreógrafos del BANCH

Ellos responden a la invitación del CEAC con sus propuestas: Carolina Bravo estrenará “El Color del Cuerpo” y Cristian Contreras, “Cuaderno de Composición”. Además cada uno bailará para el otro.

Aunque al estar frente a ellos sus caracteres se aprecian muy diferentes,  Carolina Bravo y Cristian Contreras tienen más cosas en común de las que parece. Al menos desde que están unidos por un importante proyecto: Dar vida al tercer ciclo del Ballet Nacional Chileno con sus creaciones. Porque ahora sus nombres aparecen después de la palabra coreógrafo y eso significa un desafío enorme. Como además son bailarines, cada uno participará como intérprete en la obra del otro, una doble faceta que les exige estar al mil por ciento.

Observadora, hiperactiva, estudiosa  y tenaz, Carolina Bravo es intérprete, coreógrafa y profesora de Danza. Se formó en la Escuela de Danza de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, dirigida por el recordado Maestro y ex director del BANCH,  Patricio Bunster. Desde 1996 baila bajo distintas direcciones en varias compañías independientes como Otux, De ree, Movimiento, Colectivo de Arte La Vitrina.  Desde 2003 integra el BANCH. Es Coordinadora de la mención de Interpretación de la Licenciatura en Danza de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Ejerce además como tutora de egreso en dicha mención y está a cargo de la asignatura de Improvisación de la carrera. Desde 1999 investiga en la creación coreográfica, presentando su trabajo en Santiago y regiones, tanto en propuestas de obras convencionales, como en la investigación de la creación en tiempo real e intervenciones. Es la ganadora del Premio Altazor 2007 como Mejor Bailarina por su actuación en la obra Colores de Gigi Caciuleanu.

Introvertido, observador, trabajador y perseverante, Cristian Contreras es intérprete, coreógrafo y profesor. Integra el BANCH desde el año 2001. Se inició  como bailarín en los años ‘80 con el grupo Karas dirigido por el coreógrafo y bailarín profesional Fernando Henríquez con el que ofrecían presentaciones en la comuna de San Ramón. Inició sus estudios profesionales en 1989 en la Escuela de Danza del Teatro Municipal y paralelamente siguió trabajando con su conjunto y haciendo clases de hip-hop en su barrio. Integró el Ballet Contemporáneo de Santiago y luego el Ballet de Cámara del Teatro Municipal donde tuvo la oportunidad de ser partenaire de la entonces primera bailarina estrella del Ballet de Santiago, Sara Nieto. Bailó en televisión, incluyendo siete veces el festival de Viña del Mar. Es el ganador del  Premio Altazor 2007 como Mejor Bailarín por la obra Valparaíso Vals de Gigi Caciuleanu.

¿Cómo surge la oportunidad de trabajar como coreógrafos con el Ballet Nacional Chileno siendo intérpretes destacados de la compañía durante varios años?

Carolina: Personalmente estuve insistiendo con el director de la compañía, Gigi Caciuleanu, desde mucho tiempo atrás porque tenía la necesidad de trabajar con mis compañeros, quienes creyeron en esta posibilidad e hicieron eco de nuestro deseo. El CEAC invitó a entregar proyectos a quienes de la compañía tuvieran el interés de crear una coreografía para el Banch.

Cristian: Nuestros proyectos fueron evaluados por una comisión integrada por Ernesto Ottone, Director del Centro de Extensión Artística y Cultural, CEAC;  Gigi Caciuleanu, Director del BANCH  y la coreógrafa Karen Conolly. Al ser elegidos, ganamos un espacio para participar en la Temporada Oficial, como cualquier otro coreógrafo nacional.

¿Cómo llegaron a la coreografía?

Carolina: Decidí estudiar danza porque siempre es lo que he hecho. Donde estudié (Academia de Humanismo Cristiano)  uno puede especializarse en tres menciones luego de hacer un plan común de tres años. Estas son pedagogía, coreografía e interpretación. Pude hacer las tres y hoy trabajo constantemente en la creación, en mis clases, haciendo  obras en pequeños formatos para los exámenes de egresos de alumnos de interpretación que están a mí cargo. Un ámbito que he elegido en la danza es la improvisación; es mi mundo de investigación, lo que me gusta, mi lugar natural, Creo importante insistir en la investigación propia, paralelo a montar una obra con una compañía profesional.

Cristian: Siempre he sentido una enorme necesidad de crear. La creación me ubica, me hace apostar por algo, que tiene un principio, un desarrollo y un final, como la vida: uno nace, vive y muere. Llevo más tiempo creando que en la danza. Soy una persona bastante inquieta, me gusta inventar, dibujar, escribir y creando coreografías llevo mucho tiempo. Todo empezó como consecuencia de mi trabajo. Al dar clases de jazz o hip hop. O en algúna coreografía para eventos. Pero obras completas he hecho poco, sólo algunas como Metro Cuadrado el año 2007 que se presentó en Matucana 100  y con el Ballet Juvenil de la Facultad de Artes cuando lo dirigía Hilda Riveros.

¿Qué sienten al tener que enfrentar a sus compañeros?

Carolina: Creo que uno propone y abre un espacio.  Convoco a mis compañeros, para que, con su oficio y con lo artistas que son, aporten lo suyo.  No me complica estar en este otro rol, me parece bello porque verlos bailar me motiva para generar una coreografía. La diferencia es que ahora ellos se están entregando como un material para mi trabajo coreográfico. Esa entrega me conmueve y a la vez provoca la posibilidad de que yo, que soy sólo una compañera suya, pueda abrir un poco más sus cuerpos y dar cuenta de lo que veo en ellos.

Cristian: La experiencia ha sido vertiginosa, porque ha sido ensayar donde se pueda, esperando pronto ensayar en la sala o en el teatro. Primero tengo sentimientos de mucha admiración por todos mis compañeros porque son buenos bailarines y también en su faceta humana. El hecho de que seamos también bailarines, nos permite saber qué podría molestar. Me emociona la disposición que tiene cada uno de ellos, han sido muy generosos.  Son así.

Carolina: Han trabajado fuera de tiempo por nosotros. El grupo que forma el Ballet Nacional  tiene la suficiente experiencia como para entender que cuando se enfrenta a una obra o a un coreógrafo debe apropiarse de lo que está haciendo y cuando uno toma propiedad de algo ya no es estar haciendo algo para el otro, ellos entienden que la danza ocurre con la práctica, en el hacer.

EL COLOR DEL CUERPO

Carolina Bravo afirma que su creación nace de una idea sencilla: percibir el cuerpo como nuestra identidad, el lugar que uno ocupa en este mundo, por el que es reconocido y con el que se relaciona. “Lo que me impulsa a hacer esta obra es mi deseo de trabajar con mis compañeros. Me parece exquisito referirme a sus cuerpos, pero cuando digo cuerpos, no me refiero sólo al físico, estoy hablando de la persona que habita en esos cuerpos que, además, juntos generan un cuerpo-compañía de danza.  Intento revelar lo que veo, con mis límites porque no lo puedo ver todo, pero me interesa decirlo porque encuentro que es precioso”, afirma.

En el proceso creativo van pasando cosas, comenta,  porque, “al mismo tiempo de dar a conocer esos colores de cuerpos, también me refiero al cuerpo por si mismo, como a las similitudes y diferencias de sus colores.  Me pasó que ensayando lo primero que descubrí fue lo que implica para mi lo masculino y lo femenino, hay una diferencia en eso y me gusta dar cuenta de ello”.

¿Cómo definir el color de los cuerpos? “Uno puede adjetivar lo que piensa, pero no quiero definir, no es mi interés.  Pero sí veo cosas que me interesan,  puedo poner adjetivos. En la danza podemos hablar de cualidades del movimiento, en esa eukinética puede estar todo, hasta como se viste a cada uno de los cuerpos”, responde Carolina Bravo.

En el enlace de su idea con la música, la bailarina y coreógrafa se vale de la obra original para voces y electroacústica escrita especialmente para este ballet por José Miguel Candela. “Esto le da una textura muy humana. Para mí es valiosísimo trabajar con él y apreciar cómo traduce en sonoridad mis ideas; cómo va creando atmósferas que tienen cualidades, colores distintos: Tuvimos que elegir dos voces, masculina y femenina, en diálogo con lo electroacústica. Son las de Patricia Pino y José Miguel Candela.

CUARDERNO DE COMPOSICIÓN

Cristian Contreras empezó a trabajar desde la condición humana en relación a cuatro puntos: el silencio, el movimiento, la repetición y la perplejidad.  “En un comienzo uno se llena de ideas y quiere desarrollarlas todas,  pero finalmente lo que me mueve a trabajar en esta coreografía en particular es contar una historia personal y hacerlo  de una manera bastante simple porque siento que se ha perdido un poco eso en el arte. Todo se tiende a complejizar.  Mi  búsqueda va por tratar de construir un nexo conmigo, con mis compañeros, con los artistas  y con el público”

Cuaderno de composición, explica, “es la historia de un hombre con una mujer y su relación con la vida.  Una historia que se proyecta de manera dinámica en escena en torno a música de Piazzolla que escuché desde niño, porque a mi padre le gustaban sus tangos y para mí la melancolía de éstos no es negativa porque es parte de mi vida. También en torno a la música de Johann Sebastian Bach y música original escrita para la obra por Julio Pérez. Una historia donde el coreógrafo quiere que se note la idea de multiplicidad del ser humano, en algunos casos a través de una misma mujer en distintos estados y en otras en una mujer multiplicada en otras diferentes. “Me valgo para lograrlo de lo surrealista, pues en la coreografía hay algunos personajes que para mi representan ideas.  Por ejemplo hay un payaso que no tiene la cara pintada sino un cuerpo un poco extraño y  se viste de forma especial.  Ese fue un dibujo que yo hice hace mucho tiempo y que ahora cobra sentido porque representa la vida en la obra. Aparece y desaparece frente al hombre y la mujer en ocasiones. También hay un torero o bufón que es el ser humano que está desafiando a la vida, representa al hombre de manera más surrealista.

¿Por qué Cuaderno de Composición?  En el colegio me iba muy bien en castellano. Me gustaba tener mi cuaderno bien ordenado y hacer mucha caligrafía. La asociación en componer esta obra con mi propia caligrafía.  La necesidad de crear nos llama a sacarle punta al lápiz, para escribir nuestras propias líneas, nuestros propios caracteres, alimentados por cierto, de la experiencia de haber sido instrumento noble de no pocos creadores, esta retroalimentación existe, vive y nos hace parte de la perfectibilidad como ser humano y principalmente como artista, pero, al fin y al cabo, a fin de cuentas lo que escribimos, o más bien lo que quiero escribir ahora  es mi  única y particular caligrafía.

¿Qué viene después?

Cristian: No tengo la pretensión de convertirme en un coreógrafo famoso. Creo que se me dio una oportunidad y la estoy aprovechando, que viene luego no sé. Quiero que todo el mundo lo disfrute y que quede una buena sensación en el público.  Ojalá se pueda abrir la puerta para otros compañeros coreógrafos.

Carolina: Mi sentimiento es similar, la vida siempre va generando más cosas, hoy tengo este anhelo de trabajar con mis compañeros una idea  muy sencilla.  Me gusta que sea así.

Entradas desde $ 2.000 a  $ 6.000 público general; estudiantes desde $ 1.500. Venta en ticketek.cl y en boletería del teatro (Providencia 043, Metro Baquedano, fonos 9782480-81. Jueves populares con entradas 2×1