El director de orquesta, José Luis Domínguez, afirma que Mozart dejó un legado muy importante con el trabajo que realizó a una obra que ya era perfecta.  “Espero que el público reciba esta versión de El Mesías de Handel con mucha humanidad porque es para él y nos permite regocijarnos una vez más con la historia de Jesús en Semana Santa”. 

El Mesias de Handel 

Una ovación cerrada, público aplaudiendo de pie por más de cinco minutos y una sala llena donde se podía percibir la emoción, coronó la  primera función del oratorio El Mesías de Handel que la Orquesta Sinfónica de Chile, Coro Sinfónico y los solistas Nora Miranda, soprano; Ana Navarro, mezzosoprano; Felipe Catalán, tenor y Arturo Jiménez, barítono, ofrecen estos días en el Teatro Universidad de Chile con motivo de Semana Santa.

La versión que se presenta es la que re-orquestó Wolfgang Amadeus Mozart 48 años después de ser creada por el compositor alemán, nacionalizado inglés, George Frideric Handel en 1741.  Debido a la importancia de los dos compositores resulta imposible no hacer comparaciones entre la obra original de Handel y la re-orquestada por Mozart.  Para el director José Luis Domínguez  hay dos formas de verlo:

“Una manera es pensar que Mozart, en un ataque de arrogancia quiso mejorar lo perfecto; la otra – la que yo prefiero, dice el director- es  que él sentía una gran admiración y devoción por el oratorio El Mesías. Siendo un vanguardista de su época pensó  en modernizar la obra.  En esta versión uno escucha a Handel todo el tiempo y por ahí aparece  Mozart que, al agregar toda una fila de maderas y dos cornos,  hizo un uso más colorístico de la orquestación, porque con Mozart ya se puede hablar de orquestación. Hay  momentos en que se nota muchísimo la mano de Mozart”, afirma Domínguez.

El director sostiene que su enfoque de esta pieza es mucho más lirico que interpretar un Handel  barroco. “Con esta  versión me puedo permitir contar la historia más grande jamás contada desde un punto de vista más teatral, así hemos trabajado con la orquesta, con ciertas libertades y licencias ya que Mozart también se las permitió para re-orquestarla. Hay muchas  variantes en ese  sentido, pero El Mesías es reconocible todo el tiempo. Mi intensión es entregarle al público una visión muy humana, humilde, contemplativa y devota, haciendo uso de nuestras emociones humanas para divinizar la música en vez de buscar esa perfección o ese estilo purista – muy hermoso por cierto – sino que contarle al público una historia más cercanamente, la vida del Mesías desde la humanidad y eso Mozart  me lo ha hecho mucho más fácil con sus orquestaciones porque agrega colores, más instrumentos y situaciones sonoras que son nuevas en el discurso de Handel”.

¿En esta versión de Mozart se pueden palpar mejor las emociones?

No siento que las emociones humanas sean menos divinas. ¿Qué es divino? ¿Qué es humano? ¿No es lo mismo? Yo creo que la divinidad principalmente descansa en la emoción, en la humildad y todos esos son recursos humanos para comunicar. Nosotros cuando contamos la historia de la tortura a Jesús, cuando fue azotado, le decimos al público como nos duele eso.  Quizás hay otras formas de hacerlo,  como contar la historia en forma más purista, más distante, a modo más informativo, respetando ciertos cánones de interpretación más puristas, que es algo perfectamente válido. Sólo espero que el público reciba esta versión de El Mesías con mucha humanidad porque es para él y es para regocijarnos una vez más con esta historia.