Espontáneo, alegre y sencillo. Guillermo Pastrana, chelista granadino de 29 años, visita por primera vez Chile para interpretar el Concierto N°1 para violonchelo del compositor ruso Dmitri Shostakovich junto a la Orquesta Sinfónica de Chile, este viernes 17 y sábado 18 de mayo, debut en Santiago que espera expectante bajo la dirección de un coterráneo y talentoso amigo, Josep Vicent.

Guillermo Pastrana

Tenía apenas 7 años cuando Pastrana decidió estudiar un complejo instrumento como es el violonchelo en el conservatorio de Granada. Desde entonces se ha transformado en su inseparable amigo. A los 17 comenzó su perfeccionamiento en el extranjero con destacados Maestros como Jan Halsdorf en Luxemburgo, Gustav Rivinius en Alemania e Ivan Monighetti en Basilea, Suiza.

Ha conocido el mundo brindando conciertos como solista en diversas ciudades y festivales. Durante su carrera artística ha recibido un sin número de elogios de la crítica, el público y profesionales con quienes ha trabajado. En 2008, saltó a la fama tras su participación en un programa español llamado “Tienes Talento”, donde se reencontró con el director y percusionista Josep Vicent, a quien admira profundamente. Ambos tocaron Concierto N°1 para violonchelo de Shostakovich en Medellín, obra que presentarán este fin de semana en el Teatro Universidad de Chile con la particular interpretación que el chelista hace de ella.

Guillermo Pastrana se considera un afortunado por todos los logros y premios obtenidos en concursos internacionales. Esta es su segunda vez en América Latina, un continente donde, según dice, “la música clásica está renaciendo con mucha fuerza”.

-Háblanos de tu interpretación del Concierto N°1 para violoncelo de Shostakovich.
¿Por qué es uno de tus compositores favoritos?
-Yo soy una persona rebelde y a Shostakovich también lo considero como un rebelde con causa.  Vivió bajo el régimen comunista de la URSS y fue un hombre muy valiente que con su música no solamente alimentó espiritualmente al público sino que levantó a la gente a luchar, durante una época en que estaba prohibido y él tenía amenaza de muerte.

Musicalmente, es increíble porque toda esta carga de significados se refleja en su música. Toda frase, toda melodía tiene un porqué, está muy conectada con la situación que se vivía entonces. Eso se aprecia en la fuerza, el tema militar y también hace alusión a antiguas canciones populares rusas.

-¿Qué particularidad tiene el violonchelo en esta obra?
-Es un concierto con bastante orquestación. El violonchelo, a veces, está acompañado, otras el acompaña, pero siempre en una lucha provocada por el compositor. Se requiere aguantar el sonido, la fuerza y tensión en un concierto donde hay que ahorrar energía para ir crescendo de energía y masa sonora hasta el final.

-¿Cuál es tu relación con Josep Vicent?
-A Josep Vicent lo conocí cuando comenzó su carrera como director. Cuando inició su proyecto de Orquesta Sinfónica con flamenco, una de sus tantas ideas geniales, y me invitó a participar como chelista. Él siempre apostó por mí. Luego me fui estudiar fuera a Luxemburgo, Alemania y Suiza. Nos reencontramos sorpresivamente en 2008 en el programa “Tienes talento” donde yo concursé y él fue jurado. Desde entonces hemos tenido una relación más estrecha y seguimos actuando juntos.

-¿Qué destacas en su trabajo?
-Es una persona muy original y emprendedora. Eso lo demuestra tanto en su faceta de director como en la percusión; es el mejor percusionista del mundo. Él ha traído el concepto del ritmo a la dirección y de lo orgánico a la hora de interpretar una versión de la obra y cómo plasma su visión personal de ella. Muchas veces rompe los esquemas logrando versiones increíbles.

 

Actualmente, ¿Sientes que la crisis económica ha mermado la concurrencia del público a los conciertos de música clásica en el mundo?
-Hombre -dice con su marcado acento granadino-  es cierto que cuando hay una crisis económica se recorta el presupuesto y lo que más sufre siempre es el arte, porque es visto como menos necesario. Si bien es importante que haya comida, antes de una crisis económica viene una crisis social, y si algo permite la música es el enriquecimiento espiritual de las personas.  En España ha habido menos asistencia del público por los problemas económicos. En ese sentido se nota la crisis, pero en otros sectores la gente sigue gastando mucho dinero sin ningún problema. Entonces es una cuestión más bien cultural que económica. Sin embargo, yo creo que en otros países también ocurre lo mismo.

Hace veinte años el panorama musical en España era bastante pobre, ahora ha alcanzado un alto nivel. Muchos músicos han recogido los beneficios después de treinta años. Se han creado muchas escuelas y es cierto que en lo profesional hemos mejorado mucho, pero el público es un tema pendiente.

-¿Y qué ocurre en el resto de Europa? ¿Hay una especie de crisis cultural generalizada?
-El caso de Alemania es distinto. Es una nación donde es casi obligado por el Estado, financiar lo que es la cultura. Pero están fusionando hasta tres orquestas en una por problemas económicos. La Orquesta de Ámsterdam, una de las mejores del mundo con una historia increíble de siglos atrás, la está pasando muy mal, incluso al borde de su cierre.

El interés está, pero hasta el día de hoy, la música sigue costando dinero y no genera utilidades, es un costo que no todos los políticos están dispuestos a asumir. Pero la música y el arte son necesarios, porque es lo que queda de nosotros a lo largo de la historia y nos diferencia del resto de los seres vivos.

En Isla de Pascua, por ejemplo, cómo sabríamos que existía esa cultura sin esas esculturas increíbles, eso no generó dinero pero si un testimonio de que allí sucedió algo que quedó en la historia.

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