El actual director de la Orquesta de Extremadura se hará cargo de un programa que contempla el primer movimiento de la Décima Sinfonía y La Canción de la Tierra del compositor austriaco con la contralto Pilar Díaz y el tenor Gonzalo Tomckowiack.
Álvaro Albiach

La Orquesta Sinfónica de Chile abordará el universo del gran compositor austriaco Gustav Mahler a través de dos obras magistrales de su repertorio: La Canción de la Tierra con la participación de los destacados solistas nacionales Pilar Díaz, contralto, y Gonzalo Tomckowiack, tenor, y el Adagio de la Décima Sinfonía,  bajo la dirección del actual director titular de la Orquesta de Extremadura de España,  Álvaro Albiach.  Los conciertos se realizarán el viernes 26 y sábado 27 de julio, a las 19:40 horas, en el Teatro Universidad de Chile.

El programa comenzará con Adagio, primer movimiento de la décima y última sinfonía de Gustav Mahler, quien falleció antes de terminar la obra (1911). En esta parte el compositor dejó planteada la estructura general de la obra y esbozó los otros movimientos. Tras la muerte de Mahler, Remo Mazzetty o Deryck Cooke elaboraron versiones propias del resto de esta sinfonía, intentando respetar el espíritu creativo de su autor, siendo la de Cooke la más interpretada.

La Canción de la Tierra, denominada por el propio compositor como sinfonía para contralto, tenor y orquesta, surge en 1908, después de un año trágico para el compositor debido al fallecimiento de su hija mayor, la pérdida de su posición como director de la Ópera de Viena y el descubrimiento de una afección cardíaca.

“El ciclo de canciones de La Canción de la Tierra es un tránsito por distintas etapas de la vida; la juventud, la belleza, el desahogo de las penas, la soledad, la borrachera y la muerte. La visión de la muerte en “Abschied” es serena, una disolución, un tránsito tranquilo y apacible a otro estado. Imagino que es lo que deseamos todos cuando nos llegue el momento”, manifiesta el director Álvaro Albiach sobre esta obra.

Mahler se refugia en la bella región de Tirol y escribe la mayor parte de la obra en las montañas Dolomitas, en Italia. Durante su vida el músico estableció una relación especial con la naturaleza, demostrando fascinación por las campiñas, montañas, la tierra, el mundo y los astros.  Para la creación de  La Canción de la tierra se inspiró en 83 poemas traducidos del chino al alemán por Hans Bethge, los que estaban centrados en la tierra y la soledad del hombre. El tono es a veces pesimista, pero también hay en la obra ironía y finalmente comunión. Como en varias de las composiciones de Mahler, el componente vocal es fundamental. Álvaro Albiach sostiene al respecto que “quizás la voz humana bien empleada sea el mayor vehículo de expresión jamás conocido”.

Para Albiach dirigir este programa es muy especial porque, afirma,  Mahler “es capaz de remover aspectos insospechados dentro de mí y, creo, también dentro de personas con sensibilidad para la música clásica. Fue un músico superdotado en sus dos facetas, como compositor y como director de orquesta, con una capacidad para comunicar realmente fuera de lo común”.

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