El director de orquesta vuelve al podio de Orquesta Sinfónica de Chile con el  concierto “Premio Nacional de Música 2012” que subraya la trayectoria de 50 años del destacado músico chileno y su larga e importante relación con la OSCH, la primera orquesta que dirigió cuando tenía sólo 25 años de edad.  En este concierto, además de Ravel, estarán Stravinsky y Britten en el centenario de su nacimiento.

Juan Pablo Izquierdo

La Orquesta Sinfónica de Chile rinde homenaje al Maestro Juan Pablo Izquierdo por el Premio Nacional de Música 2012 dedicándole uno de los conciertos de la Temporada 2013. El programa escogido está compuesto por cuatro obras que pertenecen a diferentes épocas del siglo XX. Trae de vuelta dos obras de Maurice Ravel, La Valse y el Bolero,  además, los estrenos en Chile de Misa de Igor Stravinsky y Serenata para tenor, corno y cuerdas del compositor británico Benjamín Britten, de quien este año celebramos el centenario de su nacimiento.

Este es uno de los tres conciertos de la Sinfónica de Chile  que el Maestro Izquierdo dirigirá este año, lo que lo motiva especialmente, según dice: “Los miro con mucho entusiasmo porque son programas  interesantes y porque la orquesta está  en muy  buen pie, como pude vivenciarlo en las dos temporadas anteriores en que he colaborado con ella”.

Su relación con la Orquesta Sinfónica de Chile se inició cuando con  sólo 25 años de edad  se paró en el podio para dirigirla.  “Fue la primera orquesta que dirigí en la década de 1960 cuando acababa de regresar de estudiar dirección en Suiza con Hermann Scherchen. Desde entonces hemos estado siempre en contacto, la he dirigido a través de estos 50 años, incluso en los periodos que he vivido en el extranjero”, manifiesta.

Del primer programa que dirigirá este viernes 5 y sábado 6 de julio Izquierdo destaca los estrenos de la Misa de Igor Stravinsky y la Serenata para tenor, corno y cuerdas de Benjamín Britten las que serán enmarcadas por dos obras de Maurice Ravel: La valse y el Bolero,  que según él tienen una gran relación con las obras de Britten y Stravinsky. “Ravel tuvo una influencia muy grande en la obra de Britten que se evidencia en una de sus obras tempranas Las Iluminaciones. Stravinsky fue siempre un gran amigo y admirador de Ravel. Para él obras como Dafnis y Cloe eran hitos en el mundo de la música en cuanto a armonía y orquestación. Y el Bolero, en particular, tiene esta pulsación rítmica reiterada que se emparenta con la obra de Stravinsky”, señala.

CENTENARIO DE BRITTEN

¿Qué  importancia tiene la obra de Benjamín Britten en el siglo XX?
– Benjamín Britten es el músico que mayor prestigio tuvo de los compositores ingleses de la segunda mitad del siglo XX.  Su obra destacó  en todos los géneros: música sinfónica, de cámara y ópera. Con Dmitri Shostakovich  fueron grandes representantes de una tendencia que podríamos llamar más neoclásica.  Eran muy admiradores uno del otro, incluso colaboraron en muchos proyectos. Britten fue un gran músico, de un oficio absolutamente impecable, todo lo que compuso con los instrumentos o con las voces es de un oficio extraordinario.

¿En qué se relaciona la obra de Benjamín Britten con las de Ravel y Stravinsky que incluye este concierto?
-Son obras que, si bien tienen un carácter muy distinto una de otra, tienen algunas cosas en común. La Misa de Stravinsky  es una aproximación a un misticismo del siglo XX;  en los textos de la obra de Britten hay un sentido religioso amplio, no congregacional  y  las dos obras de Ravel también tienen una base mística de diferente naturaleza.  La Valse muestra la desintegración del individuo, de una sociedad a causa de las guerras y el enfrentamiento con la muerte y el Bolero de Ravel es una obra que está muy cercana al sufismo religioso.  Se dice que Ravel era un Sufi no era congregacional.  Eso se ve en la melodía que viene del norte de África,  esta melodía superpuesta, con un ritmo que se repite y repite y al final sigue el ritmo, se acaba la melodía. Alguna vez Ravel le explicó a mi maestro Hermann Scherchen  que representa  la lucha entre el tiempo inexorable que sigue y sigue y la vida que se trata de aferrar a eso.  En ese sentido, en la obra hay una visión trascendente.

¿La Misa de Stravinsky muestra una faceta distinta de lo que se conocía del compositor?
-La Misa representa una de las tantas etapas que tuvo Stravinsky como músico. En la misa hay reminiscencias muy claras de La Consagración de la Primavera.  Está puesto de una manera mucho más hierática, hay una referencia a la música del medioevo, pero las armonías y algunos  ritmos son muy propios de Stravinsky.

Al ser el Bolero de Ravel una obra tan popular, de gusto y tan masivo, ¿Existe cierta reticencia de interpretarla?
-El Bolero es una obra extremadamente difícil de interpretar por lo que expone a los intérpretes. Es como un examen de orquesta porque van presentándose los distintos solistas de la orquesta, es extraordinariamente difícil de interpretar correctamente.  A lo largo de mi carrera nunca he visto reticencia a interpretarla,  pero si temor porque es como estar en un concurso para cada uno de los solistas de viento que deben estar muy concentrados. Tanto La Valse como el Bolero son obras donde el virtuosismo orquestal llega a los límites.

Siendo una obra tan interpretada, ¿Es difícil para las orquestas imprimirle un sello particular?
-Desde mi punto de vista creo que lo mejor es tocar lo que está escrito y dejarse llevar por este crescendo increíble, sufí de las danzas derviches que dan vueltas y vueltas hasta  llegar al éxtasis trascendente.

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