Los músicos interpretarán obras del compositor húngaro Béla Bartók y del chileno Sebastián Errázuriz.

Cuarteto Andrés Bello 

 

El Cuarteto de Cuerdas Nº 1 Op. 7 del compositor húngaro Béla Bartók  y  el Cuarteto de Cuerdas Nº 1 del autor nacional Sebastián Errázuriz componen el programa que el Cuarteto de Cuerdas Andrés Bello interpretará en el cierre de la Temporada de Música de Cámara de la Sinfónica de Chile presentada en el Centro Cultural Gabriela Mistral con gran éxito de público.  Esta última presentación del año se realizará el miércoles 13 de noviembre, a las 19:30 horas en la Sala A1 del GAM.

El Cuarteto de Cuerdas Andrés Bello es uno de los pocos conjuntos nacionales de su tipo que se han mantenido vigentes por más de una década. Lo integran los violinistas Rodrigo Pozo y Héctor Viveros, el violista Claudio Gutiérrez y el chelista Cristián Gutiérrez, todos destacados músicos de la Orquesta Sinfónica de Chile.

La obra escogida de Béla Bartók es “el inicio de un compendio de obras magistralmente escritas para cuarteto de cuerdas por el gran compositor”, señala Rodrigo Pozo, violinista del Cuarteto Andrés Bello. Agrega que la pieza se caracteriza por su particular lenguaje, que muestra un acercamiento a la música folclórica húngara como en la mayoría de su producción.

El Cuarteto de cuerdas N°1 de Sebastián Errázuriz retrata un momento particular de su producción musical. La obra fue precedida y motivada por sus  Tres  movimientos para cuarteto de cuerdas (1999), y  está marcado por su indagación de las posibilidades de estos  instrumentos, tanto en su potencia melódica como rítmica.  La pieza viaja por diversas atmósferas contrastantes y consecuentes a la vez, pasando desde una exposición motívica a un movimiento introspectivo, luego a un juego detenido de pizzicattos, para  finalizar con una síntesis de la obra.

Rodrigo Pozo comenta que el Cuarteto de Andrés Bello grabó esta obra de Errázuriz en 2001 como parte de un proyecto Fondart dedicado a jóvenes compositores chilenos y que resulta motivador volver a interpretarla después de una década. La define como una pieza experimental de Sebastián Errázuriz  y que, como la de Bartok, también tiene raíces de la música nortina de nuestro país.

 

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