Desde hace ocho años, Alexander Mickelthwate dirige la Orquesta Sinfónica de Winnipeg, en Canadá. Este joven y activo director alemán de 44 años formado en su país, Hungría y Estados Unidos, fue director asistente de la Sinfónica de Atlanta y de la Filarmónica de Los Ángeles. En Chile debutará con dos programas de la Orquesta Sinfónica de Chile. El primero (18 y 19 julio) dedicado a América, incluye obras de Villa-Lobos, Ginastera, Copland y Bernstein, y el segundo (25 y 26 de julio) con obras de Beethoven y Schoenberg.

Alexander Mickelthwate

Alexander Mickelthwate

 

¿Qué lo llevó a estudiar dirección orquestal después de haber incursionado como violonchelista y pianista?
– Cuando tenía 17 y años, tuve una conversación con mi profesor de música. Él me preguntó que quería ser en el futuro. Le respondí que pianista o corredor de bolsa, y me dijo si había pensado alguna vez en convertirme en director. En el momento en que él mencionó esa palabra fue como si se encendiera una ampolleta e hice todo lo posible para llegar a serlo.

¿Qué le entrega la dirección de orquesta a usted cómo intérprete?
-Para mí es la mejor combinación: ser instructor e intérprete. En el mejor de los casos, todos somos músicos de cámara que trabajamos unidos para crear algo en el momento. Entonces, sí, es beneficioso. Es como hacer música juntos.

¿Cómo ve el futuro de la música clásica? ¿Qué cambios haría usted para acercar más el público a la música?
-Creo que la música clásica es siempre importante, antigua y nueva. La Quinta Sinfonía de Beethoven está al mismo nivel que la Torre de Eiffel. Es parte de la creación humana. En los últimos 20 años han habido muchos estudios independientes acerca de la música y el cerebro. La música parece formar parte de nuestro ADN. En Winnipeg (Canadá) hemos desarrollado múltiples programas educacionales, comenzando con niños cada vez más pequeños hasta los jóvenes que entran a la universidad.

Usted dirigirá dos obras de compositores sudamericanos, Bachianas Brasileras N° 9 de Villa-Lobos y Variaciones Concertantes de Ginastera. ¿Cuál es su relación con el repertorio latinoamericano?
-He dirigido muchas obras de autores latinoamericanos a lo largo de mi carrera. En Winnipeg, durante uno de nuestros Festivales Indígenas creamos una coreografía de la Noche de los Mayas de Silvestre Revueltas, danzada por bailarines contemporáneos y bailarines de las Primeras Naciones (diversos pueblos indígenas de Canadá) e interpretada por nuestra orquesta.

Aaron Copland incorporó formas musicales de la música americana como el jazz y el folk en sus obras. ¿En su opinión cuál fue el aporte de este compositor a la música americana? ¿Qué representa El Salón México en la obra de este compositor?
-Aaron Copland fue en realidad el primer compositor en el mundo, cuya filosofía sobre la composición era escribir para la gente. No para Dios, ni la belleza, no para las Artes en general, ni para el rey. En su época se inventó la radio e hizo lo posible por mantener a toda la gente conectada con su música. A través de este medio fueron difundidas sus composiciones. El Salón México simboliza para mí que todas las culturas tienen igual valor e importancia. Los tiempos han transcurrido y no sólo los europeos han sido los principales creadores de música clásica. La música finalmente ha estado en todas partes. Hermosa, entretenida, sofisticada.

BEETHOVEN Y SCHOENBERG

El segundo programa que dirigirá en Chile incluye obras de Beethoven y Schoenberg. ¿Qué representan para usted estos dos grandes compositores?
– Beethoven y Schoenberg no sólo fueron compositores geniales, sino que al mismo tiempo, fueron filósofos que cambiaron el rumbo de la gente, después de pensar en la música y componerla. Por un lado, Beethoven fue un minimalista. Fue capaz de crear un movimiento en una sinfonía, por ejemplo, de cuatro nota. Construyó cada movimiento como un arquitecto, cambiando las ideas, mutándolas un poco, intensificándolas, creando cadenas del mismo motivo. Schoenberg tomó aquella idea y fue aún más lejos. La música de la Sinfonía de Cámara se desarrolla tan biológicamente como el crecimiento de una planta. Schoenberg planta varias semillas musicales, como Beethoven, y entonces crecen y las recubre de otras semillas en desarrollo.

¿Qué diferencias hay entre el Beethoven de la Obertura de El Rey Esteban y el de la Sinfonía N° 6, Pastoral?
– La Pastoral es una de las primeras obras programáticas de Beethoven, tomando como tema la vida en el campo, algo muy cercano a la vida de la gente de hace 200 años. Representa cada detalle de la descripción poética de la naturaleza a los misterios del tiempo y el alivio emocional cuando la tormenta termina y el trabajo está hecho. La Obertura de El Rey Esteban no tiene ideas tan programáticas de la figura histórica de este particular rey, sino es una inauguración festiva del nuevo teatro en Pest. Finalmente, ambas obras son típicamente “Beethovianas”, con toda la energía y herramientas del desarrollo programático que les da un sentido atemporal.

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