La Orquesta Sinfónica de Chile interpretará la Suite del Acto II de uno de los ballets más populares de la historia. A ello se sumará la Sinfonía N°7 de Dvorak, en un concierto que será dirigido por la maestra Rachael Young.

                         Rachael Young

 

Música y Patriotismo se denomina el concierto que la maestra británica-neo zelandesa, Rachael Young, dirigirá el próximo viernes 23 y sábado 24 de octubre a las 19:40 horas en el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile.

Licenciada en Música de la Universidad Victoria, en Wellington, Young obtuvo además una Beca del Conservatorio de Boston que le permitió realizar un postgrado en Estados Unidos.

La directora, quien ya tuvo un acercamiento con la Orquesta Sinfónica de Chile en 2013 al acompañar como asistente al maestro Leonid Grin, inició sus estudios en dirección orquestal en 2009, precisamente al alero del actual titular de la OSCH. Desde entonces ha participado en una serie de prestigiosas clases magistrales, incluyendo la Academia de verano y de invierno Järvi en Estonia, con conciertos emitidos en vivo en la Radio Clásica de ese país; con la Orquesta de la Ciudad de Pärnu y la Orquesta de Cámara Nacional Juvenil.

Ganadora del Concurso BBC Young Musician del año 2010, sus compromisos para las temporadas 2015/16 consideran su paso por Sudamérica, Nueva Zelanda y Europa, entre otros.

A Chile regresará así para dirigir un programa que comenzará con Cascanueces, de Piotr Ilyich Tchaikovsky, un cuento de hadas-ballet estructurado en dos actos. En esta ocasión, el concierto contempla la suite del Acto II, op.71, que abarca de las escenas N°10 a la N°15 de uno de los ballets más afamados de todos los tiempos.

El programa continuará con Sinfonía Nº 7 en Re menor, op.70, del compositor checo Antonin Dvorak. Considerado el principal representante del nacionalismo musical de su país,  abogó siempre por un lenguaje que diera cuenta del patrimonio de su tierra natal, desafiando de este modo los códigos dominantes de la academia musical europea de aquel entonces.

Considerada por muchos como su mejor obra sinfónica, Dvorak logró imprimir en el lenguaje de su Sinfonía N°7, de manera sutil y sofisticada, una fuerte impronta nacionalista. Finalizada a fines de 1884 fue estrenada pocos meses después por la Orquesta Filarmónica de Londres y dirigida por el propio compositor.