Director Titular de la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana, OSEM, y de la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana, el maestro Felipe Hidalgo llega nuevamente al Teatro de la Universidad de Chile para dirigir un programa que contará con obras Dvorák y Mendelssohn.

Hidalgo Felipe

 

Con una destacada carrera en el ámbito formativo, el maestro Felipe Hidalgo fue parte, a principios de los años 90, de la primera generación de músicos de la entonces incipiente Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Tras realizar estudios en el extranjero, regresó al país para continuar directamente ligado a las nuevas generaciones de músicos, ya no como parte de las filas, sino como director.

Tras un proyecto que en 2015 unió a miembros de la OSEM y de la Sinfónica en un mismo escenario, hoy vuelve a tomar la batuta de la orquesta de mayor trayectoria del país.

 

Ya ha tenido la oportunidad de dirigir a la OSCH, ¿Cómo ha sido el trabajo que ha desarrollado con ella y cuál es su visión de esta Orquesta?

Dirigir la Orquesta Sinfónica de Chile será siempre un bello desafío. El trabajar y hacer música junto a esta orquesta es una ocasión de compartir nuestras virtudes. La Sinfónica es un lugar donde tengo mucha familiaridad con la mayoría de su miembros ya que entre ellos hay grandes amigos, compañeros de estudio en la juventud, profesores, colegas de muchos años y últimamente también bastantes alumnos. Hacer música con todos ellos definitivamente es algo diferente y muy especial, muy familiar, y creo que lo que se puede lograr artísticamente siempre será un paso más que el anterior.

Por otro lado la Orquesta Sinfónica es un espacio artístico único en Chile. Es la más antigua de nuestro país, la que lleva el peso de la historia de la música orquestal así como el vínculo con los compositores en Chile. Aquí se han estrenado las obras más importantes de nuestros compositores, como también ha tenido el privilegio de contar con una pléyade de grandes artistas de nivel mundial, como Karajan, Stravinsky, Erich Kleiber, Claudio Arrau en el pasado, y los que últimamente han venido, todos de un gran nivel.

Hoy la orquesta está embarcada en un gran proyecto que es su futura sala de conciertos, lo cual marcará un hito tanto para la historia de la Sinfónica como también para  la vida musical de nuestro país. Se comenzará a profundizar con mayores posibilidades el concepto del sonido de la orquesta, por lo que estoy muy expectante y a la vez ansioso de poder conocerla y hacer música en ella.

 

Por varios años ha estado a cargo de la OSEM, cuyos jóvenes músicos también tuvieron la oportunidad de presentarse junto a la OSCH en la temporada 2015, con la Sinfonía N°3 de Saint-Saëns, ¿Cómo fue esa experiencia?

Esa experiencia tiene muchas lecturas para mí, como director de orquesta y a la vez como el Director Titular de la Orquesta Estudiantil Metropolitana. En términos globales todos coincidieron en que fue una gran experiencia tanto en lo que significó la preparación, los ensayos con el maestro Fischer y la presentación junto a la Sinfónica, como también en la comunión que se formó entre los chicos y los profesionales. A modo de ejemplo, algunos de los músicos de la Orquesta Sinfónica después del concierto se transformaron en los profesores de algunos chicos de la OSEM.

Este fue un trabajo de más de seis meses de ensayos y alrededor de un año en la concepción original junto al maestro Leonid Grin. Para los músicos de la Orquesta Estudiantil evidentemente existió un ambiente de mucha responsabilidad para conseguir el nivel necesario para poder tocar en el concierto. Debemos recordar que ésta fue una Sinfonía compartida, es decir, tocó una parte de la Orquesta Sinfónica y otra de la OSEM. Eso significó que el proceso de selección por parte de todo nuestro cuerpo docente iba a tener una exigencia muy alta, y eso es debido a que se enfrentaban por primera vez a una responsabilidad artística en conjunto con un elenco profesional. Todo esto le confirió a esta oportunidad una característica única en la historia de nuestra orquesta.

El año pasado se cumplían 10 años desde la creación de la Orquesta Estudiantil Metropolitana, y si nos remontamos al año 2005, es decir a sus inicios, solamente se abarcaba un repertorio de obras adaptadas para orquestas juveniles. Desde hace ya unos cinco años que la orquesta está abordando el gran repertorio sinfónico con obras tales como la Sinfonía del Nuevo Mundo, Sinfonía N°5 de Tchaikovsky, Sheherazade de Rimsky Korsakov y muchas otras. Sin embargo, el hito de la Sinfonía de Saint Saëns marca un antes y un después de nuestros procesos de trabajo con orquestas juveniles, ya que fue la primera vez en la historia de la música orquestal en Chile en que una orquesta de menores de 18 años compartió la labor artística de un concierto de temporada con una orquesta profesional. Esto marca un hito en relación a nuestros desafíos, objetivos y sistema de trabajo, ya que las exigencias y demandas que los jóvenes nos han impuesto necesitan de lo mejor de nosotros cada vez.

 

Ud. fue parte de la primera generación de músicos de la OSNJ. Hoy Chile cuenta con más de 400 orquestas infantiles y juveniles. ¿Cuál es su visión del trabajo que se ha realizado en estas décadas en cuanto a la formación de nuevos músicos, así como de audiencias? ¿Cómo ha sido trabajar con estas nuevas generaciones?

Es muy interesante ver como esa generación de los años 90 hoy está instalada de muchas maneras en el quehacer musical en Chile como también en el extranjero. Muchos de ellos son miembros de la Orquesta Sinfónica de Chile,  primeras partes, músicos de gran nivel y trascendencia en el quehacer de la orquesta de los últimos 20 años. Así también los hay en otras orquestas de Santiago como del país. Algunos nos hemos dedicado a la dirección y otros al campo de la enseñanza en universidades y conservatorios. En ese tiempo, pocos tuvimos la oportunidad de estudiar en el extranjero, hoy en día eso es muy diferente. El mundo está abierto y todos tienen acceso a él, pero en los años 90 no era así, y por ello algunos tomamos la decisión de mejorar las realidades educativas musicales y culturales de nuestros jóvenes y niños.

Yo tomé la decisión de trabajar en pos de entregar mis experiencias y mi conocimiento adquirido en Estados Unidos y Europa a las nuevas generaciones. Ellos merecen tener lo oportunidad de aprender bien desde un inicio. Hoy soy el Director Titular de la OSEM como también de la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana, cuyos integrantes tienen desde ocho hasta 13 años! Pero antes también lo fui de otras orquestas, en municipalidades, colegios y centros culturales. Tenía la firme convicción, tal como hoy, de que en la medida en que se creaban más orquestas, sobre todo en zonas alejadas, la diversificación del mundo musical iba a dar bellísimos frutos. Tuve la oportunidad de crear otras orquestas, abrir plazas laborales donde muchos profesores han podido entregar sus experiencias a centenares de niños que sin esa posibilidad no habrían podido tener acceso a una vida completamente distinta.

Esto es realmente trascendente y en definitiva es mi inspiración permanente a seguir por este camino.  Ya son décadas, como bien tú dices, de trabajo con los jóvenes, y lo que hoy tenemos es un resultado muy alentador en relación a la evolución del paradigma cultural vocacional de los niños y jóvenes con los que tenemos la oportunidad de trabajar y aprender.

No sólo se forma a futuros músicos sino que también se forma a buenas personas, y ellas cumplen un efecto multiplicador mucho más grande que el que podamos siquiera imaginar. Talentos para una vida musical de buenas expectativas siempre hay, el asunto es que tengan la oportunidad. Pero también es importante que quienes no van a seguir una vida musical -y que en definitiva es la mayoría de los niños que participan de las orquestas juveniles- generen un cambio en la concepción de la posibilidad de tener una vida cultural más amplia, como también una vida con valores más definidos, más afirmados, y sobre todo la posibilidad de traspasar toda esta filosofía de vida a su entorno. La música se transforma por tanto en una escuela de virtudes, de ahí en adelante ya no seremos nosotros quienes podamos recoger lo sembrado sino que serán estos jóvenes, décadas más adelante, quienes podrán seguir con esta cadena infinita de desarrollo.