El destacado maestro mexicano, Director Artístico de la Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Sinfónica de Flint en Estados Unidos y la Orquesta Sinfónica del  Instituto Politécnico Nacional en México, analizó la escena latinoamericana y enfatizó en la necesidad de acercar la música clásica a las jóvenes audiencias.

diemecke

 

Con un programa que incluye obras de Rossini, Rota y Tchaikovsky, el compositor y director mexicano, Enrique Diemecke, dirigirá por primera vez a la Orquesta Sinfónica de Chile en el concierto N°3, “Opera y sueños de película”, el viernes 8 y sábado 9 de abril.

En medio de una nutrida agenda, el músico azteca conversó con el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad, instancia en que comentó acerca de la escena musical en Latinoamérica y el mundo, recalcando la importancia de la labor que el Estado debe cumplir en el acercamiento del arte y la cultura hacia la comunidad, en particular con niños y jóvenes, un público que a veces resulta algo esquivo cuando de música clásica se trata.

 

Es la primera vez que viene a dirigir a nuestro país, ¿cómo se siente frente a este nueva experiencia en su carrera?

Efectivamente es la primera vez que voy a dirigir en Chile. Si bien he ido a Santiago antes, nunca había tenido la oportunidad de estar presente con alguna de las orquestas como director invitado, por lo que estoy muy emocionado, porque siempre he escuchado cosas maravillosas de allá. Conozco a muchos músicos chilenos, a mucha gente de su país y siempre me ha dado la impresión de que son personas muy profesionales, muy amantes de la música, por lo que reitero que estoy muy emocionado.

 

¿Cuál es su visión de la escena musical actual?

Nosotros tenemos en Latinoamérica un plus comparado con lo que pasa en Estados Unidos, Canadá y Europa, porque acá las orquestas suelen estár apoyadas por los Gobiernos y o instituciones cercanas a organismos gubernamentales, lo que es una ventaja frente a los lugares donde las orquestas deben vivir de la taquilla, de las donaciones y depender siempre del interés del público.

En ese sentido, creo que en Latinoamérica, al haber más apoyo gubernamental nos da una ventaja en poder interpretar con mayor libertad, más expresión, hacer música a nivel más personal e íntimo.

Por otro lado, hay que decir también que estamos viviendo uno de los momentos más importantes en el mundo en cuanto al público, que ha cambiado muchísimo en el último tiempo. Los jóvenes no están expuestos a la música clásica, a pesar de que tenemos muchas orquestas juveniles que están posiblemente sensibilizando a la juventud… pero no están adentrándose a la música clásica en sí, sino que están haciendo arreglos de música popular, interpretaciones que no son realmente lo que es la esencia de música clásica, lo que los grandes maestros hicieron hace 200 o 300 años. Los compositores clásicos se adelantaron a su época, ellos tenían una visión de  lo que podía pasar en el mundo, es por ello que su música transcendió en el tiempo, porque nos conecta al pasado y a la vez a un futuro, que nos permite disfrutar en el presente.

 

 

¿Considera Ud. entonces que la generación de nuevas audiencias es quizás uno de los principales desafíos actuales?

Sí, porque el problema de los públicos es mundial. Antes, cuando yo estudiaba en Europa y luego cuando dirigí en Inglaterra o Francia, teníamos conciertos todos los días y se llenaban. Las orquestas tocaban dos o tres veces el mismo programa y estaban totalmente llenos. Ahora, a pesar de que tocan un solo concierto – que a veces se repite- lamentablemente no se están llenando. La gente no está respondiendo de la misma manera en que pasaba hace 30 o 40 años.

Eso desgraciadamente tiene relación también con todas las formas de la educación. En la primaria no se enseña la música, los medios de comunicación no cubren estos conciertos, hay muy pocos canales de televisión o señales de radio que programan música clásica, y por lo general muestran estos contenidos de una manera que no logra enganchar a los jóvenes… entonces, ahí hay un desafío importante.

 

Pasando específicamente al concierto que ofrecerá junto a La Sinfónica, Ud. dirigirá un programa variado, con tres autores de diferentes épocas, ¿qué puede comentar al respecto?

Rossini, que como sabemos fue conocido por la ópera, tenía una forma de escribir que fue muy popular en su época. Él aún después de más 200 años sigue prevaleciendo como un compositor muy importante y respetado, que llamaba mucho la atención por su manera de componer.

En este caso, la obertura Semiramide, presenta esta idea musical que él siempre trabajó, algo que empieza muy suave y comienza cada vez más rápido, hasta que finalmente revienta en algo extraordinario.

Por su parte, Nino Rota fue más bien conocido como compositor de películas, como la obra que compuso para “Romeo y Julieta”, de Zeffirelli. Pero es también un compositor que tenía mucho apego a la música clásica, con un muy buen entrenamiento, e hizo obras que fueron importantes como piezas de concierto, como es el caso del Concierto para Fagot que presentaremos.

Finalmente, Tchaikovsky era muy conocedor de la música folclórica de su tiempo y le gustaba incorporarla en sus obras, donde desarrollaba la forma clásica. Encierra unas melodías muy alegres, muy vivas, pasajes llenos de profundidad y pasión.