Con tan sólo 25 años y radicado desde hace diez en Estados Unidos, Gustavo Miranda-Bernales ha desarrollado una exitosa carrera que lo ha posicionado como uno de los pianistas nacionales más destacados de la escena internacional. En 2011 debutó con la Sinfónica, y hoy, tras seis años de aquello, se declara feliz de volver a tocar junto a esta orquesta.

gustavo miranda_web

A los seis años comenzó sus estudios de piano y a los diez ganó por primera vez el Concurso “Claudio Arrau”. Aclamado por su virtuosismo e innegable talento, fue considerado desde entonces como uno de los artistas más prometedores de la escena pianística nacional. Y la promesa pasó a ser una realidad.

En lo que fue su debut con la Sinfónica Nacional de Chile en 2011, interpretando el Concierto Nº 2 para piano y orquesta, de Brahms, la crítica destacó el virtuosismo del joven pianista, indicando que “Demostró sus extraordinarias condiciones” (Jaime Donoso, El Mercurio, julio de 2011).

Radicado en Estados Unidos, regresa al Teatro Universidad de Chile para actuar nuevamente como solista junto a la Sinfónica en Rapsodia para un tema de Paganini, además de ofrecer un recital como parte del Ciclo de Pianistas.

 

Comenzaste a destacar en el circuito nacional siendo muy niño, y con sólo 10 años ganaste el Concurso de Piano “Claudio Arrau” ¿Qué significó aquello para ti?

Creo que eventos como el concurso Arrau, más que competencias, funcionan muy bien como instancias sociales y de intercambio de experiencias para los pianistas. Espero que se sigan realizando más eventos como este en Chile. Seguro han de entusiasmar a los nuevos talentos!

 

¿Cuáles consideras que han sido las mayores dificultades que has tenido que enfrentar en el desarrollo de tu carrera?

Hace unos días estuve tocando con el legendario Leon Fleisher, y él me contaba que cuando niño conoció a Rachmaninoff. Leon le dijo que hace 6 meses había empezado a estudiar piano, y  Rachmaninoff le respondió “…Bad Business, my boy”.

Tengo la suerte de vivir en Nueva York hace 10 años. Desde aquí he podido  desarrollar mi carrera en distintos países y continentes. Hace unos meses tuve una gira en Asia, también he estado en Europa, Estados Unidos, Canadá y diversos países en Sudamérica; pero me parece que mantener una relación de fascinación íntima con la música y el piano es primordial para los artistas de este tiempo. Vivimos en un tiempo de atención de 5 minutos, y creo que la música clásica invita al público a desconectarse por una hora o más de sus teléfonos por una experiencia de la que los artistas somos responsables de enriquecer.

 

En 2011, y con solo 20 años, debutaste con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, interpretando a Brahms. ¿Cómo recuerdas aquella experiencia?

Fue inolvidable. Era la primera vez que tocaba el Concierto No. 2 de Brahms, que es el concierto para piano y orquesta más exigente del repertorio. Recuerdo haber tenido una experiencia con una orquesta llena de vitalidad y una energía muy especial. Luego de esto obtuve el primer premio en el concurso Juilliard Concerto competition y toqué este concierto en Lincoln Center, en Nueva York, con David Afkham y la Juilliard Orchestra.

 

¿Qué significa para ti volver a tocar con esta orquesta?

Estoy muy entusiasmado de volver a tocar con una de las orquestas más emocionantes de Sudamérica. Además, con una obra que no solo es de gran bravura pianística, sino de un inmenso virtuosismo orquestal. Es un orgullo para Chile contar con músicos como los de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile.

 

Volverás para tocar esta vez a Rachmaninoff, un compositor que además era un gran pianista, ¿cuál es tu relación con su música?

Mis primeros encuentros con la música de Rachmaninoff fueron desde muy temprano en mi vida, con sus obras para piano. Sin embargo, la primera vez que sentí una fascinación absoluta por su música fue al escuchar una grabación de “Vocalise” cantada por Ana Moffo y dirigida por Leopold Stokowski. En esta grabación encontré un lenguaje de una emocionalidad profunda pero con una característica muy especial: Cuando la escuchas, siempre termina por hacerte sentir bien.

Además, Rachmaninoff pertenece a una generación predilecta de pianistas. Figuras como Moriz Rosenthal, Ignaz Friedman, Benno Moiseiwitsch, entre otros. Ellos solían tocar de una manera muy distinta a la actual. La mayoría de ellos, además de pianistas, eran compositores. Cuando tocaban obras de ellos mismos u otros compositores solían tener una cierta espontaneidad que se atenuó, en parte, por la prominencia de las grabaciones estéreo y la separación entre intérpretes y compositores en la segunda mitad del siglo XX.

Rachmaninoff representa la cumbre de esa generación. Como pianista, es probablemente el sonido más glorioso grabado del piano.

 

Si bien has interpretado obras de Rachmaninoff, esta será la primera vez que tocarás Rapsodia sobre un tema de Paganini

Sí, será la primera vez, y estoy muy entusiasmado de tocarla con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, por el virtuosismo que requiere, en especial para la orquesta.

Es una obra que usa el tema del Capricho 24 para violín de Paganini, como lo ha hecho Liszt, Brahms, Lutoslawsky, entre otros. Me parece alucinante como Rachmaninoff es capaz de transformar este tema a diversos estados de ánimo y estilos con su propio sello: pasando de la elegancia de un Menuet, al jazz virtuoso de Art Tatum.  El sentido de lo inevitable y el buen gusto en la sucesión de las variaciones son de perfección casi cinematográfica; como un film de Alfred Hitchcock.