El destacado maestro ruso, que llegará por primera al país, comenta desde Madrid acerca de sus experiencias previas en Latinoamérica, de su infancia, su relación con la música y sus impresiones de los compositores y obras que abordará en su próxima visita a Chile.

Director de reconocida trayectoria, Daniel Raiskin creció en San Petersburgo y a la edad de 20 años dejó su natal Rusia para radicarse hasta hoy en Ámsterdam, Holanda. Si bien ha dirigido antes en diversos países de Latinoamérica, esta temporada llegará por primera vez a nuestro país para tomar la batuta de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en dos programas; el viernes 18 y sábado 19 de agosto, y el viernes 25 y sábado 26 del mismo mes.

Con compromisos regulares en la Filarmónica de Belgrado, la Sinfónica de Düsseldorf, Japan Century Symphony Orchestra y Mariinsky Orchestra, entre otras, el destacado director hizo un alto en su agenda para conversar acerca de lo que será su arribo a Chile, sus expectativas, su relación con la música y con el repertorio que abordará en esta ocasión.

 

Tengo entendido que será su primera vez en Chile.
Sí, será mi primera visita a su hermoso país y estoy muy emocionado por ello y por la posibilidad de descubrir lo más que pueda acerca de Chile en las dos semanas que permaneceré allá.
He oído cosas maravillosas sobre su país; tiene una ubicación geográfica única, una naturaleza diversa, ciudades interesantes de explorar, cultura… ¡y por supuesto vinos increíbles!

 

Será también su primera vez con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. ¿Cómo recibió la invitación y cuáles son sus expectativas en esta primera visita?
Ciertamente esta es mi primera colaboración con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, pero he escuchado muchos comentarios fascinantes sobre la orquesta; son músicos apasionados y comprometidos, que presentan conciertos de  alto nivel artístico y con programas interesantes. No conozco personalmente al maestro Grin, pero tenemos muchos amigos en común, venimos del mismo país y tenemos experiencias semejantes. Él vive en Estados Unidos después de dejar Rusia, yo en Amsterdam luego de dejar mi país natal hace 27 años. Le envié algunas de mis grabaciones, un libro escrito por mi padre acerca de las Sinfonías de Shostakovich. Fue él (Leonid Grin) quien me invitó y depositó su confianza en mí, así que le estoy muy agradecido por este gesto.
Con la orquesta interpretaremos dos programas maravillosos con repertorio variado, desde Mozart a Penderecki. También los solistas que se presentarán son músicos de alto nivel. Será además una oportunidad para aprender de su orquesta… trabajar con ella permitirá que florezca una amistad, ¡realmente así lo espero!

 

Ha dirigido anteriormente otros conciertos en Latinoamérica, en países como México y Argentina. ¿Cómo recuerda esas experiencias y cuál es su impresión de la escena musical en este lado del mundo?
Sí, dirigí en México, Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay. Es una de las bendiciones de nuestra profesión, tener la posibilidad de viajar por el mundo, conocer gente maravillosa, familiarizarse con tantas culturas diferentes.
Una cosa que noté hace muchos años es que no importa dónde dirija, sea Japón o Polonia, Argentina o Corea del Sur, todos los músicos estamos unidos por estas increíbles obras maestras, reflexiones universales del alma, expresión de amor y felicidad, tragedia y pérdida, belleza y destrucción.
¿Qué distingue a las orquestas latinoamericanas  de las de muchos otros países? Simplemente el temperamento de la gente. Las personas de Latinoamérica valoran realmente la alegría de vivir, tal vez de manera única, porque para muchos de ellos la vida no es precisamente fácil.

 

Su padre también ha desarrollado una exitosa carrera en torno a la música. ¿Cómo ello influenció su decision de dedicarse a este arte?
Mi padre, que cumplirá los 82 años en septiembre, es aclamado como uno de los principales musicólogos y críticos de música de Rusia. Es un gran conocedor, no solo de música, también de ciencias naturales, literatura, historia y filosofía.
Recuerdo que nuestro hogar y nuestras vidas estaban siempre llenas de música. Mi hermano mayor estudió violonchelo y mi padre a menudo tocaba en el piano la música que estaba escribiendo. Cuando niño me gustaba construir una “casa” justo debajo de nuestro piano de cola y allí jugaba, generalmente acompañado por mi padre al piano. Cuando cumplí 6 años mi madre me llevó a un maestro de violín en la misma escuela en que estudió mi hermano. Mi padre tenía claro que también su hijo menor se convertiría en músico. Sólo ahora que soy padre de dos adolescentes entiendo lo que debo a mis  padres por abrir el mundo de la música para mí a una edad tan temprana. Todos estos conciertos y actuaciones teatrales a los que asistí a lo largo de mi infancia jugaron un papel muy importante, ello me llevó a convertirme en un músico profesional.

 

Pasando al programa que dirigirá, éste contempla dos obras de Mozart, uno de los más reconocidos compositores de todos los tiempos. ¿Cuál es su apreciación acerca de su trabajo y legado musical?
Mozart para mí es como un Sol en nuestro sistema solar de música. Uno no tiene que ser músico para reconocer su nombre. En sus óperas se pueden visualizar diferentes personajes y emociones, personalidades y sus conflictos. También en sus conciertos instrumentales, de cámara y sinfonías se puede sentir la idea de lo femenino, lo heroico.
En su obertura de la ópera Idomeo crea una especie de pequeño poema sinfónico, con una serie de situaciones que ocurren más adelante en la obra. Es una joya y una maravillosa apertura.
El Quinto Concierto para Violín es quizás mi favorito. Me gusta especialmente la estructura del último movimiento, que tiene el apodo de “turco”, porque hay episodios en los que el sonido producido por los violonchelos y contrabajos se parece al de algunos instrumentos de percusión del Medio Oriente. En esta obra Mozart demuestra gran imaginación en su experimentación con ritmos fluctuantes y diversas métricas dentro de movimientos individuales. Ello expresa no sólo una originalidad de forma, sino también su dominio de los estilos italiano y francés, y su cosmopolitismo a la edad de 19 años.

 

En este concierto se reencontrará además con el violinista Christian Altenburger.
Sí, y estoy muy entusiasmado de trabajar nuevamente con él. Tocó un bonito Concierto de Beethoven bajo mi dirección. Es un maravilloso músico y una especial autoridad en música de Haydn, Mozart y Beethoven. Christian ha tocado con las más prestigiosas orquestas del mundo y con famosos maestros, pero su corazón siempre perteneció a la música de cámara y eso hace que sea muy especial trabajar con él.

 

El programa incluye además la Sinfonía N°2 de Sibelius, uno de los músicos más representativos de Finlandia.
Jean Sibelius es el más grande compositor finlandés, una verdadera expresión musical de su gente. Creo que su música nos gusta por su conexión con la naturaleza, la belleza de los bosques y lagos finlandeses, cisnes blancos en su fascinante vuelo. Su Segunda Sinfonía  pertenece a las obras que contribuyeron al desarrollo de la identidad nacional de su país. Después de terminarla anotó en una de sus cartas: “Mi Segunda sinfonía es una confesión del alma…”. Quizás es la clave de su eterno éxito y de la emoción que provoca. Para mí, uno de los momentos más cautivantes del repertorio romántico se produce al final del último movimiento. Es una música llena de patriotismo, de amor por la libertad, de orgullo y dignidad.  Estoy feliz de dirigir además esta obra en el 100° aniversario de la Independencia de Finlandia.