Una de las figuras claves en el desarrollo de El Sistema Nacional de Orquestas  y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela regresa a Chile para dirigir un variado programa con obras de Schidlowsky, Khachaturian y Mozart.
 

 

Los numerosos reconocimientos que ha recibido a lo largo de su extensa carrera evidencian el riguroso trabajo del maestro venezolano Rodolfo Saglimbeni, quien no solo ha desarrollado una incesante labor como director, tomando la batuta de numerosas e importantes orquestas, sino también ha dedicado gran parte de su energía en la formación de nuevos músicos. Así, fue uno de los actores claves de El Sistema venezolano, obra social y cultural que sistematiza la instrucción y práctica colectiva e individual de la música a través de orquestas sinfónicas y coros, modelo pedagógico, artístico y social que ha alcanzado relevancia en el mundo entero.
Desde Inglaterra, este destacado director cuenta al CEAC acerca esa experiencia, de su regreso a Chile y del repertorio que abordará en el concierto que dirigirá el 10 y 11 de noviembre.

 Tras estudiar en Venezuela continuó su formación en Europa, sin embargo, en 1987 Ud. decide regresar a Venezuela y desarrollar gran parte de lo que ha sido su exitosa carrera precisamente desde allí, desde su país natal. ¿Qué lo llevó a tomar esa decisión y qué significó para Ud. en ese minuto?
Ciertamente en el momento de iniciar mi carrera profesional luego de haber logrado mi grado y postgrado en la Royal Academy of Music de Londres, se presentó la coyuntura y la decisión que tomé fue regresar a Venezuela. En ese momento sentí que mi país me ofrecía la oportunidad de desarrollarme y al mismo tiempo trabajaría en una extraordinaria plataforma musical en pleno crecimiento y que con el tiempo se ha convertido en una referencia mundial con lo son las orquestas venezolanas. El balance después de treinta años de carrera profesional es el haber estado como Director Artístico al frente de dos orquestas fundamentales en el desarrollo musical de mi país como lo son la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho y la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, además de la Dirección Musical del Teatro Teresa Carreño. Esa extraordinaria plataforma me brindó la oportunidad de seguir trabajando tanto en Europa como en Latinoamérica en el campo de la dirección de orquesta y también en el de la enseñanza. También me ofreció las herramientas necesarias para desarrollar proyectos similares en Argentina, donde en estos momentos estoy también al frente de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Cuyo, con la que hemos venido desarrollando un importante proyecto artístico-social de excelente proyección. Luego de muchos años siento que tomé la decisión correcta, que me permitió trabajar y colaborar con proyectos en constante crecimiento que desde luego perfilaron -y lo siguen haciendo- mi carrera artística.

El sistema de Venezuela ha sido uno de los proyectos artísticos y socioculturales más destacados de Latinoamérica. Ud. fue uno de los fundadores del núcleo Lara. ¿A qué atribuye el éxito de ese modelo y cómo recuerda la experiencia de haber sido parte de él?

La experiencia, más que un recuerdo, es una experiencia viva que afortunadamente sigo viviendo, no solo en Venezuela sino en Argentina, en Inglaterra y en los lugares que me toca trabajar. Es una fuente de inspiración. El Sistema y su filosofía han tenido éxito porque se fundamentan en un proyecto artístico musical de gran proyección social que ha dado la apertura a muchos países de desarrollar, a través de la música, instituciones de gran envergadura y de profundo contenido, involucrando a cientos de miles de niños y jóvenes. Muchos de ellos serán músicos, otros maestros de música, otros preparadores, organizadores, y otros se dedicarán a disciplinas diferentes. De lo que estamos seguros es de quienes se dediquen a otras áreas también tendrán garantías de éxito gracias a la extraordinaria disciplina de trabajo que la música implica, y de seguro serán mejores ciudadanos de nuestra sociedad.

¿Cómo cree Ud. que ha repercutido El Sistema en Latinoamérica y cómo ve el trabajo formativo que se ha llevado a cabo en Chile con niños y jóvenes?
Muy positivamente. Veo a las orquestas chilenas llenas de nuevos y excelentes músicos, profesionales con gran experticia. Muchos lo lograron a través del desarrollo de su trabajo en las orquestas infantiles y juveniles basado en la enseñanza de muy excelentes maestros que se han dedicado – además de su vida sinfónica – al tan importante trabajo pedagógico en pro de las nuevas generaciones. Me he encontrado además en el seno de importantes orquestas y agrupaciones internacionales a reconocidos músicos chilenos, como es el caso del solista que tendrá mi concierto, el maestro Freddy Varela, un extraordinario violinista y además excelente concertino de la Orquesta Estable del Teatro Colón.

Por otro lado, la década del 70 fue muy importante para ese inicio, donde no podemos olvidar la gran inspiración de Jorge Peña Hen. Conocí esa historia a través del relato de músicos chilenos en Chile y Venezuela, y realmente me emocionó. Su gesta en Chile fue semilla importante que se unió al pensamiento de un hombre como José Antonio Abreu en Venezuela, allí donde el proyecto nacía y nadie imaginaba su extraordinaria repercusión mundial…sin duda en La Serena hubo una siembra.

Después de varios años regresa a Chile para dirigir a la Sinfónica Nacional en un concierto que contará con el estreno de una obra de un destacado músico nacional, León Schidlowsky. ¿Cuál es su apreciación del trabajo de este compositor?
Primero, es un enorme privilegio estar de nuevo con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, sin duda una orquesta en un excelente momento artístico y de gran proyección. Cabe mencionar que, desde mi primera visita a su país con este conjunto, en el año 2000, se convirtió en una de mis primeras plataformas internacionales en Sudamérica, y desde luego el agradecimiento es enorme y sincero, además de un cariño muy especial.
Por otra parte, también es un privilegio tener en programa una obra del maestro Schidlovsky, hombre y nombre fundamental de la composición y su enseñanza tanto a nivel local como internacional. El maestro es una figura de la contemporaneidad musical. Su trabajo con grandes orquestas y directores lo hacen una referente muy importante de la historia musical chilena y su proyección en gran parte del siglo XX y desde luego los tiempos que vivimos. ​

Luego de ello vendrán Katchaturian y Mozart, un contemporáneo y un clásico.
Sí. Mozart, el grande entre grandes con –quizás- su sinfonía más enigmática, junto a la brillantez y colorística orquestación del enérgico y emotivo Concierto para Violín de Katchaturian, de manos del maestro Freddy Varela, con quien he tenido la oportunidad de trabajar tanto en su rol de concertino de la Orquesta Estable Sinfónica del Teatro Colón como también como solista. Será un programa que de seguro el público disfrutará y es de esos conciertos que supone un hermoso reto para las orquestas.

Por último, y pasando a un punto completamente diferente, no puedo dejar de consultarle acerca de los acontecimientos que vive Venezuela. De hecho, hace poco tiempo el también director de orquesta, Gustavo Dudamel, manifestó públicamente su preocupación al respecto. ¿Cuál es su visión de ello?
Sin duda han sido momentos muy difíciles, sin embargo, tengo profunda fe y esperanza en la paz que deseamos. Nuestra música, nuestro arte, nos inspira para seguir adelante.