Inquieta por naturaleza, esta destacada bailarina, quien es a la vez coreógrafa y docente, vive y respira danza. Miembro de la compañía desde hace más de 13 años, comenzó sus estudios en el área de la mano de una de las figuras más destacadas de las artes escénicas a nivel nacional, el recordado bailarín y director del BANCH, Patricio Bunster.

 

 

¿Recuerdas a qué edad comenzaste en la danza?
Era muy niña. Por una parte hubo algo siempre natural en mí con tendencia al movimiento y a la danza en general,  sin saber necesariamente que eso que yo hacía era danza, sin ponerle un nombre ni tener el conocimiento de que esto era una disciplina artística, pero yo bailaba siempre, hacía mis coreografías, tenía toda esa inquietud dentro de mí. Entonces en algún momento mi mamá se dio cuenta de esto y empecé a tener contacto con talleres. En el colegio hice gimnasia rítmica, pero era tan chica que en realidad no recuerdo bien qué edad tenía entonces.

¿Es decir que la danza siempre fue parte de tu vida?
Sí, siempre fue parte de mí,  a pesar de que ocurrió un tiempo en la adolescencia en que me alejé un poco de ella, pero la retomé luego porque una amiga me habló del Centro de Danza Espiral. Entonces fui a conocer este lugar y comencé a tomar clases allí, conocí a Patricio Bunster… y ahí empezó todo, ya no paró más.

Precisamente Patricio Bunster fue uno de los bailarines y directores más emblemáticos del BANCH y es un referente de la danza y las artes escénicas a nivel nacional. ¿Qué significó él para ti?
 Mucho…. muchísimo más de lo que sé ahora incluso, porque  hasta el día de hoy siempre van apareciendo cosas nuevas. Su legado es algo que va caminando conmigo, que voy descubriendo. Yo comencé a estudiar con él siendo muy joven, cuando aún estaba en el colegio, terminaba las clases y me iba para allá. A él le agradezco haberme dado la oportunidad, porque siento que a veces  en este camino una oportunidad es todo.

¿Cómo diste el paso desde la afición a lo profesional?
Yo creo que me encontré con muchas personas hermosas en el camino, por lo que tengo mucho que agradecer. Primero tuve la oportunidad de que entré a estudiar danza en el Centro Espiral con Patricio (Bunster), Joan (Jara), Manuela (Bunster), y al mismo tiempo pude comenzar a trabajar en proyectos independientes, entonces tuve un camino bien paralelo entre ser estudiante y ya estar trabajando en compañías profesionales del ámbito independiente.

¿Y luego al BANCH?
Cuando estaba terminando la escuela el Director del Banch era Gigi Caciuleanu, quien estaba en sus primeros años aquí, entonces yo sentía que de alguna manera él se encontraba buscando gente. Un día fue a ver una función que teníamos en la escuela, me vio bailar, le gustó mi trabajo, se acercó y conversamos. Luego de un tiempo se dio justamente que necesitaban bailarinas para la compañía – específicamente mujeres en ese entonces – y fue en ese momento que él me llamó.

Han pasado ya más de 13 años desde ese instante en que ingresaste a la compañía. ¿Qué significa para ti ser parte del BANCH?
Estar en el ballet es siempre un aprendizaje, porque mis intereses son súper variados en general, entonces procuro mantener un espacio para desarrollar esos intereses externos ligados a la coreografía, a la pedagogía o a los distintos lenguajes.  Eso implica que la compañía tiene un lugar bien determinado en mi vida que tiene relación con los desafíos. Siempre tengo algo que trabajar acá. A pesar de los años que llevo acá, no es en ningún caso un lugar que sienta que tengo dominado, o que sea un hábito en mí, una rutina donde vengo a cumplir un horario, muy por el contrario, es un espacio donde desarrollo cosas que son distintas a mí, entonces todavía me siento desafiándome, haciendo cosas que tal vez me cuestan, y eso lo encuentro súper valioso, porque me gusta buscar la diferencia y no necesariamente estar haciendo lo que me es más cómodo.

Durante la temporada 2016 creaste para el BANCH una obra inspirada en el cuento Pedrito y el lobo, la que tuvo un carácter más bien familiar. ¿Cómo fue para ti crear esa obra?
Fue muy importante la oportunidad porque nunca había hecho algo así, no suelo trabajar con guiones para la creación. He tenido la oportunidad de desarrollar un trabajo coreográfico  bastante amplio dentro de la danza independiente y con obras de gran formato también, incluyendo el propio BANCH, cuando en 2012 trabajé la obra El color del cuerpo, pero siempre fueron creaciones nacidas desde un impulso propio. Esta vez se trató de una obra con una base ya definida, un cuento que probablemente yo jamás habría pensado en tomar, entonces, que te pongan en un lugar donde tienes que resolver, buscar encantarte y terminar amando eso, es algo que me encanta! porque siempre resulta un desafío interesante.

¿Sientes que en ella pudiste aunar de alguna manera las tres áreas que trabajas de manera paralela constantemente, es decir, la coreografía, la interpretación y de alguna forma la pedagogía?
Sí, debes tener súper claro que haces una labor educativa, más aún si estoy proponiendo una obra de carácter infantil, o sea, vas a hacer una labor formativa.  Es muy importante la creación de afición, que es algo en lo que estamos en permanente lucha. El público no se crea cuando tiene 30 años, entonces tenemos que ser capaces de encantar a los niños. Desde ese lugar fue muy importante para mí. Cuando estás creando cosas para niños no todo es válido para entretener. Yo me cuestiono mucho las perspectivas desde dónde estoy trabajando, porque sé que estoy entregando mensajes culturales, políticos y simbólicos a la vez, sobre todo en la danza está repleto de simbolismo acerca de muchísimos conceptos.
En ese sentido fue un gran trabajo para mí crear una obra que tuviera sentido y que no sólo fuera solamente fácil para entretener.